La renuncia al pacto de no competencia

La inclusión de pactos de no competencia postcontractuales se ha convertido en una práctica habitual en las relaciones laborales. Este tipo de acuerdos son regulados por el Estatuto de los Trabajadores, que, en su art. 21.2, establece que solo podrán tener una duración de dos años en caso de trabajadores técnicos y 6 meses para los demás trabajadores, siempre y cuando la empresa tenga un interés industrial o comercial y se satisfaga al trabajador una compensación económica.

Pese a su habitualidad, la posibilidad de renunciar a las ventajas de un pacto de no competencia ha sido fuente de desacuerdo hasta la Sentencia del Tribunal Supremo 258/2019, de 28 de marzo. Dicha sentencia zanja el desacuerdo y estipula que el empleador no puede, de forma unilateral, liberar al empleado del pacto de no competencia por dos razones.

En primer lugar, cuando el empleado adquiere una compensación dineraria a cambio de no competir, se convierte en titular de un derecho subjetivo, y por ende, en el único capaz de decidir sobre tal derecho. Así, el quid de la cuestión reside en que el empleador, no puede, unilateralmente, privar al empleado de su derecho a recibir una compensación económica.

En segundo lugar, al considerar el pacto de no competencia como una relación que origina obligaciones para ambas partes, solo un incumplimiento podría liberar a una de ellas de su obligatoriedad. El empleador podría renunciar a la no competencia, pero no puede pretender arrastrar con esa renuncia el derecho del empleado a obtener una compensación económica.

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