Jornada laboral de 4 días, ¿utopía o realidad?

Armando Reneses

Asesor Laboral

La utopía lanzada por el vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, acerca de la implantación de la jornada laboral de cuatro días, parece no arraigar en los planes de Yolanda Díaz, actual ministra de Trabajo y Economía Social.

La reorientación de la jornada laboral no se encuentra sometida a debate en estos momentos, pero sí encuentra dentro del acuerdo alcanzado entre PSOE y Podemos, por lo que, en un futuro, sí podría ser una realidad.

Antes de decidir si apoyamos a tan ingente cambio, en nuestro sistema laboral, debemos de conocer las ventajas y desventajas, que tendría acoger dicho cambio.

Según muchos expertos, el reducir la semana laboral a cuatro días semanales tiene múltiples ventajas. Uno de los beneficios principales, es la de facilitar la conciliación entre la vida personal y el trabajo. Es obvio, que ampliar el fin de semana nos permitiría aumentar nuestros planes, para el uso y disfrute personal, ya sea ampliando nuestras aficiones o pasando más tiempo de calidad con la familia, lo que repercutiría en una reducción del estrés en gran parte de la población activa de nuestro país. Se han realizado estudios que demuestran, que, reduciendo el estrés y la carga de responsabilidad de los empleados, la empresa logra un mayor crecimiento.

Parece lógico suponer que un fin de semana de tres días nos permitirá dedicar más tiempo a la familia y las aficiones, lo que además redundará en nuestra salud. Se reducirían los problemas de estrés y, con ellos, el gasto asociado a paliar sus consecuencias.

Expertos consideran que se mejora la productividad y crecimiento del empleo. Por raro que parezca, solemos mejorar nuestra eficiencia cuando disponemos de menos tiempo para desarrollar nuestras tareas. Este hecho no es algo que podamos demostrar, dado que la productividad no siempre se puede medir.

Siendo claros, la realidad es que la jornada de cuatro días ha presentado pocos inconvenientes, pero que sean pocos, no suponen que no sean importantes, dado que implantar un modelo de negocio donde se trabaje cuatro días mientras la competencia siga con cinco no es fácil.

También se ha de tener en consideración que no todos los trabajos son aptos para este modelo. No solo para el personal que reduzca su rendimiento, si no, para los trabajadores de los servicios necesarios, como los hospitales o los comercios.

Y, por último, las empresas deberían pagar a sus empleados el mismo sueldo que si trabajaran cinco días semanales (factor que algunos empresarios posiblemente no aceptarían).

En mi opinión, ambas partes no se van a poner de acuerdo porque están tratando de encontrar el gran pacto para la reconstrucción laboral, y eso no es posible. Actualmente, no es conveniente que con la situación actual tan inestable se realicen cambios tan radicales. Siempre sería más factible aplicar esta teoría por sectores, en microcambios que, si se comenten errores (que se van a cometer), sea más sencillo solucionar.

Por último, es importante destacar, que, por el momento, la reflexión acerca de esta propuesta que beneficia en gran parte a la conciliación personal y laboral no ha sido llevada a la mesa de diálogo con los agentes sociales, patronales o sindicatos. Por otra parte, que los trabajadores trabajen cuatro días semanales, no implica que cierre la empresa, así que, ¿por qué no aprovechar los días que libra parte de la plantilla para que otros empleados trabajen y aumenten la productividad de la empresa? Es decir, reducir los días de trabajo semanales de unos empleados podría dar más empleo a otros trabajadores.

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