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¿Cuál es el criterio aplicable en los casos en los que la enfermedad padecida por el trabajador disminuye su capacidad de trabajo?

La jurisprudencia, con el transcurso de los años, ha ido desarrollando la siguiente línea o método de apreciación en esta situación tan característica como es el padecimiento de cáncer, una enfermedad sumamente concreta y lesiva, estableciendo un criterio que podemos encontrar en los fundamentos de diversas sentencias.
Primariamente, se parte de la base de que el cáncer es una enfermedad que, excepto en los grados primigenios o iniciales y apenas avanzados, momentos en los cuales los tumores no se hallan altamente extendidos o desarrollados, generalmente es gravemente invalidante debido a las secuelas que provoca a quienes la padecen.
Esas secuelas no están originadas únicamente por la enfermedad en sí misma, también se derivan de los tratamientos médicos utilizados para curar la enfermedad o aliviar sus síntomas, tratamientos caracterizados por ser, en su mayoría, agresivos con el sistema; así como de los padecimientos psicológicos de las personas que sufren esta enfermedad.

La consecuencia es que la persona que padece esta enfermedad oncológica derivada de un tumor desarrollado o en un estado ya evolucionado y que necesita determinados tratamientos quimio o radioterapéuticos de forma continua o, cuanto menos, duradera, no es susceptible de considerarse hábil o capacitado para ejercer de forma ordinaria o habitual una actividad laboral cualquiera, incluso aunque en un principio presente una remisión de los síntomas vinculados con la enfermedad.
Es decir, la jurisprudencia ha concluido que, en aras de considerar que se ha dado verdaderamente una curación de la enfermedad es necesario que transcurra un largo período de tiempo largo sin recaídas, reincidencias o reapariciones de la enfermedad.

¿Cuánto tiempo ha de transcurrir sin haber lugar a recaídas para entender que se halla capacitado nuevamente el trabajador con cáncer?

De conformidad con los criterios médicos, la jurisprudencia ha establecido una media de cinco años. Por ende, tras el transcurso de este período de tiempo y una vez vencido el plazo máximo de duración de la incapacidad temporal (cinco años) el paciente o enfermo es susceptible de ser calificado como incapaz permanente absoluto.
Es interesante, a este respecto, señalar lo establecido en el artículo 193.1 del Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social, que dicta, refiriéndose a la incapacidad permanente, que “no obstará a tal calificación la posibilidad de recuperación de la capacidad laboral del incapacitado, si dicha posibilidad se estima médicamente como incierta o a largo plazo”, es decir, es susceptible de ser considerado incapaz permanente aquel enfermo que, aún teniendo posibilidad de recuperarse, esa posibilidad se prevé como incierta o a largo plazo.
Dicho esto, concluir apuntando que el transcurso del plazo de cinco años sin recaída determina que se podamos hablar de una curación como tal, lo que supondría una modificación en la calificación del estado del enfermo y, consecuentemente, la incapacidad sería objeto de revisión por mejoría de acuerdo con el artículo 200 de la Ley General de la Seguridad Social; debiendo, entonces, evaluarse únicamente el estado de salud del paciente y las secuelas que permanecen.

 

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