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La mujer en la abogacía: 20 años de experiencia

Paloma López

ABOGADA Y ASESORA FISCAL

Cuando se me propuso escribir sobre mi experiencia como mujer y profesional del Derecho, me doy cuenta de que en estos años se han dado importantes pasos para conseguir equilibrar la situación de los derechos femeninos, pero también es evidente que quedan cosas que solucionar.

En España el acceso de la mujer al ejercicio de la abogacía estuvo prohibido en todo el territorio nacional hasta el primer cuarto del siglo XX, a través de la aprobación de los distintos estatutos de los Colegios de Abogados. El primero fue el Estatuto del Colegio de Abogados de Madrid, aprobado en 1920, que reconoció que “las mujeres podrán ser admitidas al ejercicio de la profesión”.

Según un estudio realizado en 2017 por el sobre la situación de igualdad de género en la abogacía española, un 70% considera que la igualdad de género debe ser una prioridad en la profesión. Una cifra que indica que existen ciertas desventajas: unas retribuciones un 20% inferiores de media con respecto a sus compañeros, mayor dificultad para la conciliación laboral y familiar, o el conocido techo de cristal, que desequilibra el número de puestos ocupados por mujeres en cargos directivos.

Asimismo, según los datos del Instituto Nacional de Estadística en el curso 2020-2021, cinco de cada diez estudiantes que se matricularon en Derecho en la universidad en España fueron mujeres. Este dato muestra que, afortunadamente, hoy parece que el acceso a la universidad por parte de la mujer es otra historia, lo que me recuerda una anécdota de mi primer año de carrera, en la que un micrófono abierto, nos permitió oír a un importante catedrático de Historia del Derecho manifestar su asombro ante la cantidad de mujeres que estábamos en el aula.

Esta evolución es un hecho cierto, pero si se analiza la progresión profesional de las mujeres, según datos de Cinco Días, tan sólo una de cada cinco socios de los principales bufetes en España y el 12,34 % de los jueces del Tribunal Supremo son mujeres, a pesar de que una de cada dos jueces son mujeres.

Las mujeres abogadas en algún momento de nuestra carrera hemos tenido que lidiar con dificultades tales como situaciones incómodas, brecha salarial, falta de promoción, incompatibilidad familiar, apostar por ser abogada autónoma…, parece que en el momento en que se prima la conciliación de una vida personal y familiar, ya se presupone que esa profesional va a rendir menos, pero se trata de problemas que se pueden superar sin tener que abandonar la profesión.

En el ejercicio de la abogacía, podría decirse que existen características intrínsecas de la mujer que favorecen su ejercicio dentro de esta profesión, tales como: la perseverancia, el sentido común, la empatía, una mayor inteligencia emocional o la capacidad de cooperación. Pero, en realidad, se trata de habilidades que pueden llegar a tener tanto hombres como mujeres, y para alcanzar el reconocimiento en la profesión solo tienen que ponerse en práctica.

Estamos en una profesión en la que prima la relación humana, no solo con los clientes, sino también con el resto de los compañeros de la profesión. Y todas estas habilidades citadas son las que nos van a facilitar mejorar las relaciones entre todos, que haya una mejor visión de lo que es ser abogado.

Las nuevas tecnologías han supuesto también un cambio radical de cómo se vivía la profesión a finales del pasado siglo a como estamos ahora, cambio que favorece la conciliación familiar y laboral. Si algo hemos aprendido estos últimos meses es que la vida telemática no paró del todo la actividad profesional y hay que saber aprovechar esta ventaja para crecer. Las abogadas de ahora tienen muchas más herramientas de las que podríamos disponer nosotras hace 20 años. Gracias a Internet o un móvil se ahorra mucho tiempo. Por otro lado, la gente se está dando cuenta de que se puede trabajar desde casa, así que el teletrabajo puede, en el fondo, ayudar mucho a la mujer. Haces tu trabajo, pero no te controlan a la hora que lo haces. Conciliar así es mucho más fácil, por lo que hemos mejorado.

En conclusión, diré que en estos años se ha avanzado mucho gracias al buen hacer de muchas personas, encontrando cada vez un mayor número de grandes profesionales jurídicas en nuestro entorno. Ya no hay marcha atrás.

El verdadero objetivo por alcanzar es que llegue un momento en que no resulte necesario tratar estos temas, por estar totalmente superados, Así lo espero.

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