El transporte marítimo de mercancías no naufraga ante la crisis de la COVID-19

Las consecuencias adversas de la pandemia del coronavirus han mermado la economía global provocando una caída drástica en muchos sectores, no siendo así en el caso de las compañías de transporte marítimo de mercancías.

Si bien las circunstancias han sido desfavorables teniendo en cuenta la paralización en los mercados, inclusive el cierre de fronteras, la caída del sector del transporte marítimo de mercancías ha experimentado una recuperación vigorosa en el tercer trimestre de este año. Datos que invitan al optimismo; por lo que pudiera parecer que las plegarias a Neptuno empiezan a surtir efecto.

Dicho sector, que a su vez es muy amplio – puesto que engloba múltiples clases de embarcaciones (desde buques cargueros a petroleros) – está siendo capaz de lidiar con la situación actual. Los datos en el sector a nivel global de este año 2.020, registran actualmente una caída del 8% respecto al 2.019. Podría parecer una hecatombe, pero lejos de serlo es un dato sorprendentemente bueno en comparación con la caída del 16% en el sector que preveía la consultora Drewry al comienzo de esta crisis.

Las principales razones que justifican los datos expuestos se deben a la concentración empresarial dentro del proceso de transporte, y a una mejor gestión de los activos de las compañías transportistas en respuesta a la realidad económica.

Por un lado, la concentración empresarial del procedimiento íntegro del transporte marítimo de mercancías, junto con las alianzas entre las grandes compañías transportistas, permiten optimizar los gastos derivados del mismo. Así Maersk, el gigante de las compañías dedicadas a esta clase de transporte, ha apostado por una fuerte inversión en camiones y almacenes que le permitirá conseguir una mayor eficiencia de la cadena íntegra de transporte marítimo.

Por otro lado, la crisis económica que comenzó en el 2.008, afectó en sobremanera al sector. De acuerdo con los datos facilitados por el Consejo Marítimo Internacional y del Báltico (BIMCO), en el año 2.010, mientras que la flota global creció en un 100%, la demanda creció solamente hasta el 50%. Todo ello llevó a replantearse el modelo empresarial existente, y a adoptar nuevas estrategias por las que las grandes compañías transportistas forjaron alianzas que les permitieran optimizar los esfuerzos. Especialmente para evitar el blank sailing, con buques de transporte realizando trayectos con poca carga de mercancía, lejos de su capacidad total.

Es por ello, que un modelo nacido de la crisis, y mantenido hasta el día de hoy, ha sabido responder de manera excelente a las circunstancias de esta pandemia de la COVID-19. Es posible afrontar con optimismo la situación actual en el sector a nivel internacional.

No siendo así para España, que de acuerdo con los datos proporcionados por EMSA (Agencia Europea de Seguridad Marítima), se ha producido una caída más pronunciada que la del resto de Países Miembros. Los atraques totales se han visto reducidos en un 32% (a nivel europeo baja hasta el 9%) en el tercer trimestre de 2.020, porcentaje que a pesar de tener que restarle algunas embarcaciones como los cruceros, comprende un dato negativo.

La fuerza mayor en la cancelación o retraso de los transportes

En el ámbito jurídico, es necesario plantearse la responsabilidad derivada de los incumplimientos por retraso o cancelación de los envíos; puesto que en el comercio marítimo ha supuesto desgraciadamente una tónica general.

La fuerza mayor o Force Majeure, es una figura jurídica reconocida a nivel internacional (salvo en algunos países como Noruega) por la que se exime de responsabilidad a la parte contractual, que deviene imposible de cumplir sus obligaciones por un acontecimiento extraordinario e imprevisible que se desata desde el exterior.

Algunas normativas sectoriales como SAJ o BIMCO contemplaban ya de forma expresa la posibilidad de una pandemia, eximiendo de responsabilidad por incumplimiento contractual al transportista que haya desempeñado su actividad bajo una estricta diligencia. En este sentido, incluso si se trata de un mero retraso en la entrega de mercancías, el transportista obligado ha de poder demostrar que ha actuado diligentemente en todo momento, y se debe exclusivamente a la coyuntura global de la pandemia.

Por lo tanto, es evidente que desempeñar la actividad de forma correcta y diligente es de crucial importancia, en aras de evitar futuribles responsabilidades.

En conclusión, puede afirmarse que a pesar de los tiempos difíciles, el sector del transporte marítimo de mercancías ha sabido adaptarse, y se mantiene a flote a pesar de la tempestad que ha conllevado la crisis de la COVID-19.

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