Diferencias entre autónomo y sociedad mercantil

Igor Begonte

Asesor Financiero y Fiscal

  • Trámites de constitución:

Para convertirse en autónomo los trámites son gratuitos e incluso se puede realizar en un mismo día, si se dispone de certificado digital. Solo se deben presentar dos documentos; el modelo 036 en Hacienda y el modelo de Alta en el Régimen Especial de Autónomos.

En cambio, para crear una sociedad mercantil, hay que realizar varios trámites previos: certificación de reserva de denominación en el registro mercantil central, certificación bancaria de la aportación cuando es monetaria, o en bienes cuyo mínimo está en 3.000 euros en el caso de las sociedades de responsabilidad limitada (esta cuantía varía en función de cada tipo de sociedad). A esto, hay que sumarle los gastos posteriores de notaría y registro de las escrituras entre otros. El tiempo que se tarda en constituir por completo una sociedad, no suele ser inferior a una semana.

Del mismo modo que los autónomos, a la hora de crear una sociedad, es imprescindible que los administradores se den de alta en el Régimen Especial de Autónomos, en este caso societarios.

  • Responsabilidades:

  • Diferencias en la tributación:

Por un lado, los autónomos tributan en base al Impuesto sobre la Renta de las personas físicas (IRPF) y las sociedades a través del Impuesto sobre Sociedades (IS).

Cabe resaltar que, el gravamen aplicado al IRPF depende directamente de unas tablas, y como es un impuesto progresivo, cuanto mayor beneficio tenga el autónomo mayor será ese gravamen por aplicar, el cual puede alcanzar un 45%.

En cuanto a las sociedades, en términos generales tributan un 25%, pero también hay gravámenes reducidos para aquellas entidades de nueva creación, el cual es de un 15%, y para cooperativas protegidas fiscalmente de un 20%. También, tienen mayores incentivos fiscales, tanto en forma de deducciones como en bonificaciones, lo que implica que el tipo de gravamen que finalmente se aplica pueda ser menor.

De este modo, si un autónomo tiene un rendimiento neto de entre 30.000 – 40.000 euros, dependiendo de la CCAA en la que realice la actividad, comienza a ser rentable desde el punto de vista fiscal, que el autónomo se transforme a una sociedad mercantil.

En base al Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), los autónomos en la mayoría de las ocasiones pueden desgravarse solo hasta el 50% en gastos. Debido a que resulta complicado en muchos casos demostrar que son gastos relacionados exclusivamente a la actividad económica y no a sus gastos personales. Mientras que, la sociedad mercantil puede desgravarse su totalidad, es decir, el 100% de los gastos, siempre que estos estén relacionados con la actividad que desarrollen.

  • Gestión de la contabilidad:

En primer lugar, la gran mayoría de los autónomos tributan en la modalidad de estimación directa simplificada, para facturaciones de menos de 600.000 euros al año y, por lo tanto, no se exige que su contabilidad sea estricta.

Las sociedades mercantiles, por otro lado, si que tienen que llevar la contabilidad de manera estricta, tal y como establece el código de comercio, por consiguiente, tienen que disponer de libros oficiales de cuentas, socios y actas. También, tienen que presentar las cuentas anuales y los libros de contabilidad ante el Registro Mercantil.

  • Oportunidades para obtener financiación:

Sin duda, las sociedades tienen mayor posibilidad de conseguir financiación debido a que llevan un control contable estricto y presentan públicamente sus resultados y cuentas anuales. Por lo que resulta sencillo para las entidades de crédito considerar su viabilidad.

Mientras que, los autónomos a la hora de pedir financiación, suelen necesitar presencia de avales personales, que respondan con todos o parte de sus vienes al considerarlos particulares.

En conclusión, se podría decir que depende de las circunstancias del negocio y de diferentes aspectos, como el volumen de operaciones, la cuantía de los beneficios o la existencia de trabajadores por cuenta ajena, sea más conveniente ser autónomo o crear una sociedad.

Por norma general, al comenzar un negocio, es recomendable empezar siendo autónomo y si el negocio crece, transformarlo en una sociedad, aunque puede darse el caso de que constituir una sociedad mercantil sea lo mejor opción desde el principio.

En LABE, nuestro equipo de expertos le guiará, dándole siempre las mejores soluciones para usted y su negocio, realizando un estudio previo y personalizado a su situación, y posteriormente, le ayudarán en todos los trámites para llevarlo a cabo.

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